Empatía ¿Cómo lo hace Cuba?

Por Sarah Stephens

Fue durante un viaje a la isla, hace casi dos décadas, que experimenté por primera vez la empatía al estilo cubano, algo que llegó a fascinarme grandemente.

En la soleada mañana de un día martes, mientras los líderes que formaban parte de una delegación que viajó a Cuba y que yo había organizado se disponían a iniciar todo un día de reuniones en La Habana, escuchamos que un avión, seguido por otro, se había estrellado contra las torres gemelas en Nueva York, como parte de los ataques que ocurrieron el 11 de setiembre de 2001.

Después de ver las noticias desde nuestro hotel e intentar lo mejor que pudimos comunicarnos con nuestros seres queridos en los Estados Unidos, iniciamos vacilantes e inseguros el día de reuniones que ya había organizado con anterioridad, aún conmocionados por lo que había ocurrido en nuestro país y con un sentimiento de incertidumbre acerca de la forma en que los funcionarios cubanos nos recibirían y sobre cómo nos tratarían los cubanos en general en las calles, ya que éramos de los Estados Unidos.

A pesar de las dificultades diarias que durante varias décadas había impuesto el embargo a los cubanos, tanto a mi delegación como a mí se nos intentó consolar en todas las oficinas que visitamos ese día y en las calles, personas que ni siquiera conocíamos nos acogían con lágrimas y abrazos.

Tal como nos lo explicó un historiador de La Habana, al citar a José Martí, “Los hombres se dividen en dos grupos: los que aman y crean y los que odian y destruyen”, y añadió lo siguiente: “Me alegra que los cubanos y el pueblo de los Estados Unidos pertenezcan juntos al primer grupo”.

Esta inesperada exposición personal a lo que los cubanos pueden llamar “solidaridad” y a lo que yo considero que es “empatía”, generó un efecto transformador en los integrantes de la delegación. Fue evidente que esta efusión de empatía hacia nosotros no era un hecho aislado, sino algo habitual en Cuba.

La experiencia también dejó una profunda huella en mí. Antes de ese 9 de setiembre, y desde entonces, he venido trabajando para cambiar las políticas de los Estados Unidos para América Latina y Cuba al lograr que diversos líderes estadounidenses sostengan conversaciones directas con personas de la región. Nos reunimos en casas, oficinas y espacios públicos —y escuchamos. He presenciado una y otra vez cómo estas visitas conmueven a los estadounidenses —al igual que a los cubanos— de formas que nunca se lo hubieran esperado.

El hecho de haber experimentado la empatía de personas ajenas a mí, tal como ocurrió en Cuba hace 16 años, cuando fue algo que hubieran podido ocultar muy fácilmente, me hizo reflexionar en la relación existente entre una norma cultural de empatía mutua y las medidas objetivas del bienestar de la sociedad.

Cuba representa un estudio de caso ejemplar para realizar investigaciones sobre lo que sí funciona. Las estadísticas son innegables: durante décadas, se ha reconocido mundialmente que Cuba se desempeña sumamente bien en áreas que van desde la atención de la salud y la educación hasta la preparación de la población civil y respuestas a los desastres naturales. A pesar de los inmensos retos económicos y políticos, y la continua denegación de una serie de derechos que son tan preciados en otros países, Cuba sigue representando una gran fuerza para el bienestar social y la igualdad de género.

Según se observa en las medidas internacionales:

  • Cuba ocupa el primer lugar en el mundo en la tasa de alfabetismo y de matrícula en la educación primaria, secundaria y terciaria, y se ubica entre los primeros 20 países con respecto al empoderamiento político de las mujeres (Informe sobre la brecha de género 2017 del Foro Económico Mundial).
  • A pesar de los Estados Unidos le impuso un embargo económico, el cual ha durado más de medio siglo, el promedio de la esperanza de vida es muy similar al de nuestro país: 79,1 años, tan solo unos meses menos que los estadounidenses, quienes, en promedio, viven 79,3 años, según datos de 2015 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (publicado en el diario El País en 2017).
  • Cuba le lleva ventaja a los Estados Unidos con relación a una serie de medidas basadas en sus objetivos de desarrollo sostenible: en la densidad y la distribución de los trabajadores en el campo de la salud, en la reducción de muertes debido a desastres naturales, en la salud nutricional de niños menores de 5 años, en su habilidad de gestionar riesgos sanitarios en el ámbito nacional, en la vacunación de niños menores de 1 año, en el suministro de servicios de planificación familiar a mujeres de entre 15 y 49 años de edad, y en las tasas de mortalidad neonatal y de niños menores de 5 años, entre otras (según datos de la Organización Mundial de la Salud).
  • Cuba logra este alto nivel de desempeño en los indicadores sobre atención de la salud, a pesar de gastar solamente unos $817 per cápita. En contraste, los Estados Unidos gasta $9.403 per cápita en atención de la salud (según datos del Banco Mundial).

 ¿Cómo lo hace Cuba?

Nuestro proyecto, la Plataforma de Cuba, buscará respuestas a esta y otras preguntas subyacentes. ¿De dónde proviene la empatía? A pesar de tantas carencias, ¿qué nos puede enseñar Cuba sobre empatía y equidad? ¿Y qué podemos aprender de una amplia variedad de investigaciones sobre ciencia cerebral, primatología, evolución y psicología acerca del establecimiento de sociedades menos polarizadas y más empáticas? ¿Qué aspectos específicos podemos tomar de la experiencia cubana que son pertinentes para otras iniciativas para la justicia social? ¿Qué podemos aprender en Cuba sobre el establecimiento de sociedades más justas, saludables e inclusivas en todo el mundo?

Después de haber dedicado los últimos 17 años a exponer por primera vez a cientos de líderes estadounidenses a Cuba y a los cubanos (incluidos científicos, economistas, músicos ganadores de premios Grammy, miembros del Congreso y del Senado de los Estados Unidos, gobernadores y empresas de la lista Fortune 100), mi equipo y yo llevaremos a un nuevo grupo de personas creadoras de cambios innovadores. Atlantic Fellows es una comunidad de líderes de todo el mundo y provenientes de diferentes disciplinas, los cuales comparten un compromiso con el propósito de promover sociedades más justas, saludables e inclusivas. Ellos son los “pensadores y emprendedores con ideas innovadores y con el valor, la convicción y la capacidad que se necesitan para generar mejoras duraderas en sus comunidades y el mundo”.

¡Qué privilegio poder exponerlos a Cuba por primera vez!

Este año, la Plataforma organizará dos reuniones en Cuba para Atlantic Fellows, las cuales ofrecerán oportunidades para que observen cómo es el éxito en Cuba y la forma en que la isla trabaja para alcanzar sus metas sostenibles, mientras, de forma simultánea, aborda sus crisis económicas. Escucharemos las historias de muchos cubanos acerca de su participación personal en este experimento tan singular e histórico, al igual que sus opiniones sobre cómo esto ha hecho que lleguen a ser las personas que son actualmente. Les garantizo que también los escucharemos referirse a los puntos en los que el modelo ha presentado deficiencias. Compararemos sus experiencias con las de nuestras comunidades, y compartiremos ideas e historias con nuestras contrapartes cubanas.

Este tipo de exposición a Cuba puede modificar suposiciones y generar nuevas perspectivas para Atlantic Fellows sobre la empatía y la equidad. Hay tanto que aprender en Cuba sobre nosotros mismos y nuestras labores —sobre cómo lo hacen los cubanos y si nosotros también podremos hacerlo.

 

 

Sarah Stephens